Por qué este berenjenal

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Soy una fan de revisar. No soporto hacer algo y dejar que campe por sí solo. Por ejemplo, si ordeno mi casa (algo que hago compulsivamente porque me fascina el orden) vuelvo a ver la obra una y otra vez. No sé si es que me da paz o que no me fío de que algún objeto se haya movido sólo por arte de magia.

Momentos vitales revisados, decisiones revisadas, convivencias y relaciones también revisadas. Esto que parece ser un tremendo agobio, a mí me produce la sensación de saber dónde estoy y por qué. Es cierto que no siempre se puede, o simplemente no se tiene ganas de pensar tanto, menos mal, pues no pasa nada, a dejarse llevar un poquito y sin drama.

Empiezo por aquí porque ahora mismo estoy revisando la postura de este proyecto. No es que no estuviera meditado, que lo estaba y mucho, es que de verdad, tengo debilidad por pensar. Y he de dar respuesta a esta pregunta: por qué diseño con perspectiva de género y por qué diseño gráfico feminista.

“El diseño gráfico consiste en comunicar visualmente mensajes específicos a grupos sociales con objetivos determinados”, (significado de la wiki). Siendo así, no cabe duda de que esos objetivos pueden ir en infinitas direcciones. El diseño con perspectiva de género no trata de reconducir esas direcciones, trata de crear nuevas para que los objetivos sean inclusivos, reales, no sexistas, y proyectar así un diseño que no tiene que ver tanto con la contrainformación, como con la reconfiguración de mensajes e imaginarios. Una campaña puede hablar de derechos humanos sin necesidad de mostrar una persona víctima bajo la mirada capitalista, blanca y patriarcal de alguien que está recibiendo ese mensaje como consumidor o consumidora, y por tanto con poder.

Diseño es diseño, y su base es igual para todas las que nos dedicamos a esto. Yo misma quiero que mi trabajo se sitúe como un portfolio que revisar igual que los demás. Pero entonces, ¿por qué distingo entre diseño gráfico y diseño gráfico feminista? El apellido es personal y se situaría en la forma de hacer. Es un posicionamiento respecto de las decisiones que se toman a lo largo de un proyecto, el cómo tratar, enfocar o plantear el trabajo.

Teresa de Lauretis, a la que estudié en mi carrera de Bellas Artes cual friki, escribe en su libro Alicia ya no: feminismo, semiótica, cine: “[…] En la medida en que el cine está implicado en la producción y reproducción de significados, valores e ideología tanto en el terreno social como en el subjetivo, sería mejor entenderlo como una actividad significativa: un trabajo que produce efectos de significado y percepción, auto-imágenes y posiciones subjetivas para todos los implicados, realizadores y receptores; […]”.

En bastantes ocasiones, en la profesión, he escuchado que no se debe tener un estilo, que por el contrario el trabajo debe cumplir el mensaje del cliente, obedecer a unos requisitos sin que se vea la mano autora. No estoy en contra de esta idea, ya que lejos de que el diseño gráfico sea arte, se ajusta más a una técnica con pasos bastante marcados. Pero, es en ese cumplimiento del mensaje de la clienta donde quiero que su discurso y el mío se encuentren. Se crearía así un espacio de confort, de ideologías parecidas, donde el proyecto tomaría forma con un objetivo claro: no atentar contra dignidades, ser atractivo, llamar la atención, transmitir un mensaje y entablar diálogos con quienes lo reciben.

 

* Imagen: Unsplash, Jordan Whitfield.