Una posición política desde el diseño

Desde el momento en que empezamos a participar en esta fiesta que es trabajar, a la mayoría de las personas se nos potencia únicamente la parte productiva. De igual modo, en nuestras relaciones personales la individualidad pesa frente a conceptos como red, acción, grupo social, poder cambio. Todo ello bajo criterios culturales occidentales y capitalistas. Esta es la realidad donde desarrollamos nuestra vida diaria y profesión, que ocupa la mayor parte de nuestro tiempo.

Lo opuesto a esta forma de “estar” en nuestra cotidianeidad sería más un “pertenecer a” y un “aportar”, ya que resulta ingenuo e irresponsable asumir que lo que hacemos no tiene consecuencias, que nuestros actos están exentos de poder. Es decir, en un ideal, nuestras relaciones laborales, sociales, de cara a la cultura, a la educación, con cada cual, estarían atravesadas por cierto sentimiento de (auto) crítica, justicia y humanidad. O lo que es lo mismo, «lo personal es político».

Todas nuestras esferas de la vida diaria tienen un significado hacia dentro y hacia fuera. Todo lo que producimos tiene un efecto sobre nuestro entorno. Esta es nuestra responsabilidad, la queramos o no. De sobra queda demostrado hoy día que nadie nos libra de sufrir los resultados de no haber visto esto antes.

Esta afirmación nos lleva a una realidad en la que de un modo u otro libramos batallas en las que sí, posicionarse es inevitable.

Una de ellas es la feminista, que está poniendo sobre la mesa muchas carencias de nuestra sociedad y visibilizando las faltas de un sistema que vende valores enemigos de crear un lugar mejor e incluso habitable. Y esto es sencillo, o lo apoyas o lo combates.

Jerry Kiesewetter, Unplash

Jerry Kiesewetter, Unplash

La propuesta es hacerlo no sólo desde el ámbito personal sino también desde el laboral e introducir este posicionamiento en el ámbito del diseño gráfico, la publicidad y la comunicación. La razón de este posicionamiento es obvia, llevamos encima toda una historia de lenguaje, imágenes y mensajes estereotipados. Como público consumimos esos mensajes e imágenes desde un lugar blanco, capitalista y patriarcal, lo que nos hace creernos en el derecho de pensar con poder sobre otras. Como personas emisoras y creadoras de esas imágenes, adquirimos la responsabilidad de otorgar ese poder y dirigir la mirada.

Porque el lenguaje educa, de ahí que quienes nos dedicamos a esto hemos de entender que es hora de reconfigurar estos mensajes y empezar a «cambiar el discurso gráfico».

Frames del vídeo Ladies First, aïdagomz.

Personalmente llego a esta conclusión por la propia experiencia. Como mujer he sufrido la invisibilidad en mi profesión, he enfrentado actitudes machistas y violentas. Haber vivido o presenciado situaciones de desigualdad hicieron que comenzara mi militancia en el feminismo hace años y hoy día la suerte de poder enfocar mi profesión hacia su lado más político me permite formar parte de «un modo de hacer distinto».

El diseño gráfico, actualmente y poco a poco, está empezando a construir los mensajes en otra dirección. Existen opiniones, proyectos y propuestas gráficas que ya se alejan del sexismo típico que ha venido atravesando la publicidad desde siempre. Cada año, sobre los días claves del 8 de marzo y 25N, aparecen campañas diversas, unas más acertadas que otras, y las que menos con una lluvia de críticas que hacen cambiarlas o directamente suprimirlas. Porque no es que no valgan algunos mensajes, es que ya no se pueden permitir. En los asesinatos y agresiones sexuales, en los micromachismos diarios, en la invisibilidad de diversidades y sentires distintos, en el techo de cristal, en no llamar a las cosas por su nombre, los mensajes gráficos que vemos en la calle, que recibimos en nuestro buzón, que oímos en los medios, tienen mucho que ver y son consecuencias directas de no haber ejercido nuestra responsabilidad como comunicadoras en pro de una sociedad más justa e igualitaria. Si no lo hacemos no es por falta de recursos creativos.

Deva Pardue

Deva Pardue

Sin embargo sí que matizaría ciertos aspectos de trabajar desde una perspectiva de género. Ya hemos decidido que sería ideal que en nuestros proyectos gráficos aportáramos nuestro granito de arena. No hay duda que el diseño gráfico, la ilustración, la publicidad, todos aquellos ámbitos que trabajan con la imagen y el lenguaje visual tienen la capacidad de perpetuar o cambiar valores a través de sus contenidos y el modo de enfocarlos. Es genial ver cada ejemplo en que la lucha feminista se alía con el diseño y a la contra, ver sobretodo sus efectos positivos. Pero trabajar desde una perspectiva de género ha de llevar consigo ciertos cambios internos que pasen por el cuerpo del profesional. Insertar la política y la crítica en el trabajo, cambiar ciertos ejes que vienen atravesando el enfoque de los proyectos y la manera de comunicar pasa inevitablemente por un cuestionamiento personal, como freelance individualmente y como agencia en colectivo.

Trabajar desde una perspectiva de género nos es solo hacer campañas o proyectos gráficos con temas de género en el centro. De hecho se puede armar un proyecto sin perspectiva de género pero que quien lo forma o lleva a cabo se ha preocupado de hacerse cierta revisión. Hablo de actitudes. Del mismo modo que no podemos permitir caer en perpetuar estereotipos ni dejar de analizar nuestros mensajes gráficos, no podemos formar parte del cambio si este no ha empezado por el principio: cuidados, cariño, reacción y participación , trato a las personas con las que trabajas, relación con el personal de tu agencia, diálogos con tu clientela, respeto por tu profesión. Todo ello forma parte de ese modo de hacer distinto. Y todo ello se educa, se aprende.

Si habláramos del gremio del profesorado no tendríamos dudas a la hora de otorgarle la importancia a su trabajo en cuanto educar la mirada de su alumnado. Quienes nos dedicamos al diseño, a la ilustración, publicistas, copys, también comunicamos y podemos decidir antes de sacar nuestro trabajo a la calle qué criterios lleva consigo, qué tipo de mensaje emitimos con él y hacia quiénes o cómo lo dirigimos.

No se trata de empezar a usar términos feministas a mansalva en nuestro discurso profesional, no se trata de hacer por hacer ni de sumarse a un carro que ni siquiera sabemos de qué va. Se trata de informarnos, de cuestionarnos, se trata de querer revisar cómo lo hemos hecho hasta ahora y qué pasos son los justos para cambiar lo que no funciona. Recurrir a lo fácil, hacer como que no va con nosotros, no funciona, porque en este ajo nos cocemos todo el mundo.

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